"El vino de Rioja tenía una presencia testimonial hace diez años", cuenta Lapuente a Efe, mientras que ahora China importa unos cuatro millones de litros anuales, y la progresión en las cifras hace pensar en que seguirá aumentando su cuota, a pesar de la competencia de vinos chilenos, australianos o franceses.

Javier Triana // Pekín, 27 nov (EFE).- El vino de denominación de origen Rioja está logrando abrir brecha en el importante mercado chino, donde los exportadores riojanos perciben un refinamiento en el gusto de los nuevos consumidores de China, un destino al que le auguran enormes posibilidades.

Con cientos de chinos catando alrededor, Daniel Ramírez, del Grupo Piérola, se muestra sorprendido para bien con que “los chinos vengan a catar y sepan catar. Los ves escupiendo (vino)”, dice el representante de la marca, girándose a una de las escupideras que varios azafatos se encargan de vaciar puntualmente.

“No han venido aquí a emborracharse”, puntualiza, durante la Sexta Gran Cata de Vino de Rioja en China, celebrada este lunes en un lujoso hotel de Pekín y que recorrerá esta semana Shanghái, Cantón y Hong Kong.

Refrenda esta percepción el director general del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Calificada Rioja, José Luis Lapuente, quien indica que se trata de “un público que sabe apreciar cada vez más el producto en sí mismo, la cualidades, que quiere saber…”

“El vino de Rioja tenía una presencia testimonial hace diez años”, cuenta Lapuente a Efe, mientras que ahora China importa unos cuatro millones de litros anuales, y la progresión en las cifras hace pensar en que seguirá aumentando su cuota, a pesar de la competencia de vinos chilenos, australianos o franceses.

Sin embargo, el cabeza visible de la delegación del Rioja en China no ve una posible competencia en un mercado estereotípicamente conocido por sus copias: “Se pueden copiar las técnicas, pero esa elegancia, esa finura, ese equilibrio que logra el tempranillo en el valle del Ebro, es posiblemente muy difícil de replicar”.

En vez de con tempranillo, el artista Carlos Corres recurre a la graciano para amenizar la cata con sus pinturas, para las que utiliza siempre alimentos: “‘¡No pintes con eso, Carlitos!’, me decía mi madre. Pero es una excusa para trastear. Otra forma de comunicar el Rioja”, comenta tras pintar un dragón con vino.

Desde el cercano puesto de CUNE, la representante en Asia, Marina Eito, asegura que el vino de Rioja tiene “buena aceptación, aunque lo que cuesta es que den el primer paso”, como varias mujeres chinas que se arremolinan en torno a la mesa buscando llenar sus copas.

Parte de culpa de esa relativa reticencia al primer paso la tienen los aranceles, que multiplican el precio del vino varias veces respecto a su coste en España, por lo que sigue siendo un artículo de lujo en un país que, no obstante, aumenta rápidamente su poder adquisitivo.

Bien lo saben los representantes de las 75 bodegas riojanas presentes en la cata, que en conjunto exportan a China el 4 % de la comercialización exterior del Rioja.

“Es un vino que se deja beber muy fácilmente y, sobre todo, que puede integrarse dentro de la gastronomía china. Es un producto que la acompaña perfectamente”, defiende Lapuente, quien explica también que la versatilidad de la denominación de origen calificada Rioja permite ‘atacar’ varios nichos de mercado.

El maridaje con la comida china lo ve muy claro Luis Martínez-Lacuesta, gerente de la bodega que lleva sus apellidos: “Un gran reserva le iría muy bien al pato laqueado, pero no a un ‘hot-pot’, a no ser que tengas caja fuerte en vez de estómago”, bromea, en referencia a una especialidad de comida china muy picante.

Mientras en China siguen afilando el paladar para saber apreciar la calidad del Rioja, la clave de las ventas la apunta Martínez-Lacuesta: “El embalaje, cuanto más celofán y más oro, más les gusta”.

El paso siguiente a la propagación asiática del Rioja es que llegue el vermú a China como importación a gran escala, aunque, como dice Luis Martínez-Lacuesta, “los chinos no lo entienden”. EFE

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