Álvarez debutó en el principal teatro de ópera de la capital británica en la temporada 1994/95 como Giorgio Gemont en "La Traviatta", papel al que siguieron el de Siriex en "Fedora" y el de Rigoletto.

Paula Baena Velasco // Londres, 15 nov (EFE).- En 1993, un entonces principiante barítono llamado Carlos Álvarez (Málaga, 1963) rechazaba la oferta del director italiano Riccardo Muti de debutar en La Scala de Milán, una decisión sin precedentes que, lejos de sepultar su carrera como él mismo había vaticinado, la catapultó.

Así se lo contó a Efe en una entrevista previa a su primera vez como Simon Boccanegra en la Royal Opera House de Londres, que podrá verse en la ciudad del Támesis desde este jueves hasta el próximo 10 de diciembre.

“Al rechazar hacer Rigoletto en La Scala del maestro Muti pensé que nadie iba a tener confianza en mí y fue justo al contrario, eso hizo que la gente tuviera una percepción de mi trabajo de seriedad y consecuencia”, señaló Álvarez.

El malagueño no se sentía preparado para asumir esa responsabilidad, una preparación que le llegó “con la madurez” tanto vocal como personal y que le ha llevado, a sus 52 años, a la cúspide de la carrera operística.

De sus casi treinta años como barítono, una profesión que, según explica, le llegó “por casualidad” mientras estaba estudiando cuarto de Medicina, recuerda 1996 como uno de sus mejores años, cuando, por primera vez, actuó en los cuatro teatros de ópera más importantes del mundo.

Viena, Londres, Milán y Nueva York han sido ya desde entonces testigos de su prodigiosa voz -que se aprecia con tan solo escucharle hablar con su grave y consistente tono- en múltiples ocasiones.

Un público que, aunque difiere según cada país, “se muestra entusiasta cuando haces bien tu trabajo y respondes a sus expectativas”, arguyó.

Álvarez quiere que cuando la gente le observe desde el patio de butacas vean a alguien “que se entrega, que no intenta escatimar en energía y esfuerzo y que tiene actitud encima del escenario”.

Además, el malagueño tiene muy presente que su labor va más allá de una profesión para “ganarse la vida”, y que sirve “para que la gente pueda cambiar su estado de ánimo y para que puedan sentirse bien”.

Una conciencia social que se deja entrever también cuando se plantea el futuro, que contempla con inquietud, no por su profesión a la que se seguirá dedicando mientras conserve “la salud y el entusiasmo”, sino por la situación política internacional.

“¿Qué va a suceder con el ‘brexit’?, ¿Qué Europa nos vamos a encontrar?, ¿Qué país va a ser Estados Unidos en un par de años?”, son cuestiones que le preocupan.

A nivel individual y superada la displasia severa que sufrió en la cuerda vocal derecha en 2008 y que le obligó a pasar por el quirófano en tres ocasiones, se muestra optimista.

“Casi siempre intento hacer una lectura positiva de todo lo que ocurre a mi alrededor, de las cosas que son malas intento sacar un aprendizaje”, señaló.

Respecto al porvenir de la escena operística, expuso que es partidario de “servir a esta profesión desde la tradición” y no “meter el dedo en el ojo al público”.

A su juicio, las innovaciones en las lecturas de las óperas clásicas la mayor parte de las veces tienen más que ver “con situaciones personales de los directores de escena que quieren poner en el escenario algunos de sus conflictos” que con la intención de seducir a un público más joven.

Para Álvarez mantener la tradición no significa ser “rancio o trasnochado” y para atraer a las nuevas generaciones lo que hay que hacer es ofrecerles “calidad” y entradas más asequibles.

En este sentido aseguró que “Simón Boccanegra” con música de Giuseppe Verdi, es una obra “muy adecuada” para seguir haciendo que “el público se entusiasme con la ópera”.

Una producción que desde la Royal Opera House hace una lectura “absolutamente honesta” con lo que dicen la partitura y el libreto.

Álvarez debutó en el principal teatro de ópera de la capital británica en la temporada 1994/95 como Giorgio Gemont en “La Traviatta”, papel al que siguieron el de Siriex en “Fedora” y el de Rigoletto. EFE

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